La victoria sobre los mercenarios de la Fundación Tierra había devuelto el orden a las calles de Argentia, pero no la paz al palacio. Julian Vance estaba de vuelta en su trono, pero el asiento de obsidiana se sentía más frío que nunca. Aunque su memoria había regresado con la fuerza de un alud, el Julian que habitaba ahora su cuerpo no era el mismo. Había algo... una interferencia en la señal de su propia existencia.
Julian se encontraba en sus aposentos privados, frente al gran espejo de plata