El trayecto hacia el epicentro del Sector Norte se realizaba en un silencio tenso, roto solo por el zumbido de los motores de la camioneta blindada y el golpeteo rítmico de la lluvia contra el metal. En el interior, el doctor Thorne sostenía una tablet con manos temblorosas, proyectando grabaciones granuladas y archivos que habían estado enterrados en los servidores más profundos de la Fundación Prometheus.
Amelia observaba las imágenes, con el rostro impasible pero con los ojos de galaxia bril