El silencio que siguió a la caída de la Estación Ícaro no fue de paz, sino de agotamiento. Tres meses habían pasado desde que el cielo de Argentia dejó de brillar con el azul eléctrico de Silas, recuperando su tono violeta natural. Sin embargo, en el Palacio de los Vance, las luces nunca se apagaban.
El Reposo del Escudo
En la cripta real, tallada en el corazón de la montaña de cristal, el cuerpo de Alistair descansaba sobre un lecho de plata pura. No era una tumba, sino un capullo. Las heridas