La Estación Ícaro no era una construcción. Era una estrella hueca. Ubicada en la corona de la estrella más cercana a Argentia, la superestructura de los Arquitectos brillaba con una luz blanca cegadora, pero su interior era un laberinto de cristal negro y éter condensado. La familia Vance emergió del portal de sangre y luz en una plataforma de observación que ofrecía una vista vertiginosa del corazón del reactor.
El calor era insoportable, pero el cuerpo de Julian, ahora más conectado que nunca