La mansión Volkov nunca me había parecido tan opresiva como al regresar.
Alexander y yo casi no hablamos durante el trayecto. Apenas cruzamos la puerta, cada uno tomó su propio camino, pero con el mismo objetivo: trabajar. No descansar. No pensar. Mantener la mente ocupada para no ahogarnos.
—Voy a poner a uno de mis hackers a revisar todo —me dijo antes de desaparecer rumbo a su despacho—. Si hay algo escondido en esos archivos, lo va a encontrar.
Asentí. Era lo lógico. Pero la idea de que un