(Narrado por Ezra)
Otra enfermera sale, al cabo de un rato.
Camina rápido. Demasiado rápido. Lleva algo en las manos. No alcanzo a ver qué es. Desaparece por otra puerta.
Nadie me dice nada.
Me acerco a la puerta del quirófano. La toco con la palma de la mano. Fría. Blanca. Como un muro.
—Estoy aquí —digo en voz baja—. Estoy justo aquí, Dhalia. No me he ido.
Quiero que lo sepa. Aunque no pueda oírme. Aunque esté sedada. Aunque esté luchando por su vida y por la de nuestra hija. Quiero que sepa