(Narrado por Dhalia)
Los días en el hospital se volvieron borrosos.
No sabía si era martes o viernes. No sabía si era de día o de noche. Las horas se mezclaban unas con otras como acuarelas mojadas. Lo único que existía era ella. Esperanza. Mi hija. El bultito cálido que dormía en mis brazos mientras yo la miraba durante horas sin cansarme.
—Tienes que descansar —me decían las enfermeras.
—Claro —respondía yo. Y no descansaba.
Ezra estaba peor que yo.
Dormía en una silla. Una silla ridículament