Ya se me había hecho tarde para bajar y comenzar mis labores. Pero aún no me levantaba de la cama.
La foto seguía en mi mesita de noche. La miré. Esa niña de moños castaños me devolvió la mirada desde hace veinte años. Sonreía. No sabía lo que le esperaba.
Guardé la foto en el cajón. Cerré con llave.
Tenía que seguir. Tenía que fingir. Tenía que sobrevivir y encontrar la manera de salir de allí.
Me puse el uniforme. Me recogí el pelo. Me miré al espejo.
—Hoy será un día normal —me dije—. Vas