No recuerdo cómo llegué a mi habitación.
La última imagen que tengo en la cabeza es la de Ezra sonriendo con el labio partido, la sangre resbalando por su barbilla, los ojos brillando como los de un loco. Después... nada. Un vacío. Un agujero negro en mi memoria.
Debo haberme desmayado.
El cansancio. La tensión. El miedo. El beso. Todo junto fue demasiado para mi cuerpo. Se apagó como una vela.
Cuando desperté, ya era de día. El sol entraba por la ventana. Estaba en mi cama. Con el unifo