Salir de la mansión no fue lo más difícil.
Lo difícil fue no mirar atrás.
Subí al primer taxi que encontré. Lucas se sentó a mi lado, en silencio, mirando por la ventana. Yo hice lo mismo.
Ninguno dijo nada.
Volví a mi antiguo departamento. Las paredes vacías, el silencio, el eco de mis propios pasos. Todo seguía igual. Pero yo no era la misma.
Los primeros días intenté recomponerme. Ordené la ropa, compré comida, llevaba a Lucas a la escuela y lo buscaba en las tardes. Pero nada terminaba de s