Me quedé helada, no sabía qué hacer, a dónde mirar, ni qué decir.
Ahora que lo pienso con calma, ni siquiera debí esconderme. Soy trabajadora de la casa, se supone que limpie, me ordenaron hacerlo. Pero ahora me veo increíblemente sospechosa.
La voz de Ezra era grave. Ronca. Nada que ver con la voz aguda del niño que me pedía que fuera su novia.
Pero había algo en el tono. Un dejo burlón. Un brillo en los ojos que decía te tengo y a la vez prometía peligro.
Yo no podía hablar.
Mi boca se hab