A medio camino a mi habitación recordé algo importante. Algo que no podía dejar atrás si pensaba tomar mi propio camino.
Giré sobre mis talones y regresé al despacho. Él todavía estaba ahí, y se sorprendió de verme regresar.
No dije nada.
Caminé hasta el escritorio. Busqué el contrato. Lo encontré en el cajón donde él lo guardaba. Lo tomé entre mis manos. Lo miré un segundo. Recordé el momento en que lo firmé. La rabia. La impotencia. El odio.
Y todo lo que vino después.
Mis dedos se tensaron