Después de la cena, todo volvió a la falsa calma.
Lucas estaba entre mis brazos, profundamente dormido, respirando con esa calma que todavía me parecía un milagro. A veces abría los ojos solo para asegurarme de que seguía ahí. De que no era otro sueño cruel.
Pero yo no dormía.
El teléfono estaba en la mesita de noche. La pantalla apagada. Pero el mensaje de Marcos seguía ahí:
“Necesito verte. Ya recordé todo.”
Marcos no era alguien que dramatizara. Si decía eso era porque lo que tenía era impor