Mundo ficciónIniciar sesiónAvery Sinclair es lo imposible: la primera híbrida vampiro-hombre lobo, obligada a vivir como la omega más baja en la Manada Luna Sombría. Su sangre es el único remedio para la locura feral que devora a los alfas que han matado demasiado, pero cada gota genera una adicción más poderosa que cualquier vínculo de pareja. El alfa Cassius Reeves se está desmoronando. Maldito por las brujas que una vez masacró, sus violentos ataques de furia se intensifican día a día. Solo la cercanía de Avery calma a la bestia que lleva dentro. Durante meses, ella ha estado añadiendo secretamente su propia sangre a su vino, manteniéndolo cuerdo a un costo terrible para sí misma. Pero Cassius está desarrollando inmunidad. Pronto, unas pocas gotas no serán suficientes. Cuando el Alto Consejo Vampírico descubre su existencia, exigen que se aparee con su príncipe despiadado para engendrar más híbridos para sus ejércitos. Los ancianos de la manada, desesperados por salvar a su alfa, presionan a Cassius para que reclame una Luna fuerte, cualquiera menos la omega silenciosa que no puede dejar de desear. Ninguno de los dos bandos conoce el secreto mortal de Avery: ella solo puede aparearse una vez. Bajo la próxima luna de sangre, que se elevará en treinta días, su cuerpo elegirá ser completamente vampiro o completamente lobo para siempre, despojándola de su poder híbrido y del don de su sangre. Ella ha amado a Cassius en silencio durante años, convencida de que él solo anhela lo que corre por sus venas, nunca su corazón. Él está addicted a su sombra, pero ciego a por qué solo ella puede salvarlo. Un toque prohibido. Una elección irreversible. Una luna de sangre para decidir si el amor los sanará… o los destruirá a ambos.
Leer más- Hola, cuñada. ¿Qué haces aquí tan temprano? – Dijo Chole levantándose del sofá. Llegó hasta la sala donde estaba Ivanna, su única amiga y también hermana de su esposo Dante Montenegro.
Ivanna la saludó de beso en la mejilla y luego la miró de pies a cabeza, siempre en desacuerdo en como vestía su amiga, parecía una anciana, no lucia para nada su sexy cuerpo virginal.
- Quiero invitarte a una fiesta este viernes ¿Qué dices? – Preguntó.
Chloe suspiró, siempre era lo mismo, Ivanna podía salir a tantas fiestas quisiera, no le importaba si causaba escándalos a la familia, porque Dante siempre la protegía como su pequeña hermana menor.
- No – Fue la respuesta de siempre de Chloe, camino hasta el sofá y se sentó con elegancia, manteniendo su espalda recta.
- Por favor, necesitas distraerte – Ivanna se sentó muy diferente, se dejo caer sobre el sofá y subió ambas piernas cruzándolas – Necesitas sexo, mucho sexo – Dijo.
Chloe su coloro ante esas palabras, miro a los lados esperando que nadie haya escuchado.
- Cállate, o pueden crearse rumores – Siseo.
Ivanna arqueo las cejas y puso los ojos en blanco.
- ¿Qué rumores? ¿Qué el estúpido de mi hermano jamás te ha cogido? - Cruzo los brazos y la miro.
- Todos los que trabajan aquí saben eso, saben lo desdichada que eres – Soltó – Vamos, acompáñame, te vas a divertir – dijo nuevamente, pero ahora era más súplica.
Chloe negó, ella no podía arriesgarse a ir a un lugar donde Ivanna estaría, era obvio que sería un escandalo y si ella estaba involucrada sería un desastre.
Ivanna ya no siguió insistiendo, aunque era hermana de Dante, para ella la amistad con Chloe era más importante y se sentía mal por ver a su amiga ser tan desdichada.
Chloe es la esposa del poderoso Ceo Dante Montenegro, el hombre más poderoso del país, con una fortuna que sobrepasa los límites de cualquiera.
Su matrimonio fue un simple arreglo entre familias, cuando ella cumplió la mayoría de edad, tuvo que dejar sus estudios para casarse con él.
Al principio le gusta la idea de ser la esposa del magnate Dante Montenegro, se mostró amable, atento, cuando fueron presentados, pero todo cambio después de la boda.
Su primera noche, donde ella pensaba en entregar su virginidad a su ahora esposo, él simplemente se marchó, sin decir nada, ni una sola explicación.
Eso solo fue el inicio de su aburrido matrimonio, pues Dante jamás le dirigía la palabra a no ser que fuera algo relacionado con algún evento público al que ella debía asistir como lo que era su esposa.
Frente a ojo del mundo entero eran el matrimonio perfecto, pero en aquella enorme mansión eran simples desconocidos.
Ni siquiera se veían durante el día y menos en las noches, tenían diferentes horas para desayunar, almorzar e incluso cenar, aunque era raro que él cenara en la mansión, normalmente llegaba tarde solo a dormir y ya.
Chloe como todas las mañanas ya estaba arreglada, como debía vestir la señora de Montenegro, a pesar de ser joven usaba trajes que le hacían parecer un poco mayor.
Su largo y castaño cabello lo sujetaba a un elegante moño y usaba un maquillaje para nada cargado, sus labios de un tono rosa pálido, sus ojos de color almendra estaban apagados.
Chloe miro a su mano, no hubo anillo de compromiso, Dante alegó que había sido todo tan apresurado que no tuvo tiempo de mandar a hacer el anillo perfecto para su entonces prometida perfecta, prometiéndole que le daría uno después de casarse, de eso ya hace cuatro años.
En cuatro años no la había tocado ni por error, cuando estaban ante el público el contacto era mínimo, normalmente ella enlazaba su brazo alrededor de él, o él pasaba su brazo alrededor de su cintura, pero la palma de su mano jamás llegaba a tocarla totalmente.
Ella se sentía simplemente una esposa de papel, a sus cortos veintidós años no había sentido el placer del sexo, las caricias de un hombre que la hiciera gemir toda la noche.
Ya había leído tantas novelas eróticas, haciendo que deseara una aventura de una como las protagonistas, pero ella era tan conocida por su flamante esposo, el más mínimo error la tacharían de lo peor, su familia la votaría y repudiaría, la dejarían en la plena miseria y ella jamás antes había hecho algo para valerse por si misma.
Después de la visita de Ivanna, Chloe nuevamente se quedo sola en esa gran mansión, camino hacia su propio estudio, donde pasaba la mayor parte del tiempo, haciendo cualquier cosa para perder el tiempo.
Ese día se dedicaría a dibujar algo que saliera de su mente, así que tomó su cuaderno de bocetos, y justo cuando empezaba a dejar volar su imaginación, recibió un mensaje.
Miró el número, era privado, así que dudo en abrirlo, pero sentía la curiosidad de lo que contenía.
Al abrirlo se empezaron a descargar un sinfín de imágenes de su flamante esposo, teniendo sexo con mujeres diferentes.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no de tristeza, sino de odio, aquel hombre al que se había atado cuatro años, que no la tocaba por nada del mundo, se la pasaba follando tantas veces quisiera y ella estaba ahí secándose.
- Maldito infeliz – Soltó molesta bloqueando su celular, suspiró y limpio sus lágrimas, volvió a abrir el mensaje mirando a detalle cada imagen
– Vaya, lo tiene grande – Susurró, mientras hacia zoom a una de las imágenes que mostraba la longitud de su esposo en todo su esplendor.
- Espera, si él me es infiel, ¿Entonces por que le debo fidelidad? – Dejo el teléfono sobre el escritorio.
Tomó de nuevo su teléfono, pero ya no para ver las fotografías del estúpido infiel de su esposo, sino para llamarle a Ivanna.
- ¿A qué hora es la fiesta? – Preguntó una vez que Ivanna contesto.
Ella, fue casada a sus dieciocho años con un hombre que le prometió todo, había cumplido de alguna manera, pues no le faltaba nada económicamente.
Pero le faltaba algo muy importante, ser satisfecha como mujer, tener a un semental que la follara tan duro, tan brusco.
Y ahora cuatro años de ese matrimonio se daba cuenta que su esposo el poderoso Dante Montenegro, jamás sería ese semental.
Punto de vista de CassiusLa puerta se cerró de golpe detrás de mí con tanta fuerza que las bisagras de hierro crujieron. Me quedé allí con la espalda contra la madera, el pecho subiendo y bajando como si acabara de recorrer la frontera dos veces.Las voces de los ancianos aún resonaban en mis oídos, presionando y exigiendo que eligiera a una de esas mujeres esa misma noche, como si fuera una votación del consejo que pudiera firmar sin más. Salí a mitad de frase, dejándolos ahogarse con sus propias palabras. Ya no podía respirar en ese salón.La habitación se sentía demasiado pequeña esa noche. Demasiado silenciosa. El fuego se había reducido a brasas rojas que proyectaban sombras largas y sangrientas sobre la piedra. El aire estaba cargado de humo de pino y el leve mordisco cobrizo de sangre que no se iba de mi lengua por más que tragara.Crucé hasta la mesita lateral. La copa estaba allí, recién llenada otra vez, la plata capturando la luz moribunda. La miré como si pudiera morderme
Punto de vista de AveryWillow me arrastró hasta la mitad del pasadizo de los sirvientes antes de soltarme el brazo. Mi muñeca aún ardía donde Cassius me había sujetado, como si sus dedos hubieran dejado marcas invisibles que no se desvanecerían.La froté sin pensar, intentando borrar el calor, pero solo consiguió que la piel se erizara más.«¿Quieres parar ya?», siseó Willow, con voz baja. «Lo estás empeorando».Dejé caer la mano. «Él sabe algo».«Sospecha algo», corrigió ella. «Hay una diferencia. Pero si sigues volviendo a sus aposentos como polilla a la llama, la sospecha se convierte en certeza muy rápido».Llegamos al final de la estrecha escalera. El pasadizo se abría a las cocinas inferiores, oscuras y silenciosas, solo las brasas contenidas en el gran hogar emitían un tenue resplandor rojo. El aire olía a pan frío, grasa vieja y el leve regusto metálico de los ganchos de carne vacíos que colgaban en la pared del fondo. Nadie bajaba aquí después de medianoche a menos que fuera
Punto de vista de AveryNo podía respirar. Mis pulmones ardían como si hubiera estado corriendo durante horas, pero no me había movido ni un centímetro.La cortina pesaba contra mi mejilla, la lana áspera raspándome la piel, y cada mínimo movimiento de la tela parecía lo bastante ruidoso como para delatarme. Cassius seguía mirando fijamente el lugar donde me escondía. Sus botas rasparon el suelo de piedra otra vez, despacio, deliberadas. Dio un paso más.«¿Quién está ahí?», esta vez más bajo, casi un gruñido. «Puedo olerte».Mi estómago se hundió. Oler. Claro que podía. Era el alfa. Incluso medio borracho por la maldición y mi sangre, su olfato era más afilado que cualquier hoja en todo el castillo. Apreté los labios con tanta fuerza que saboreé cobre. No me moví ni respiré.Dio otro paso. El suelo crujió bajo su peso. Podía imaginar exactamente dónde estaba: tres pasos de la cortina, lo bastante cerca como para que, si extendiera la mano, tocara la tela.Cerré los ojos con fuerza. Po
Punto de vista de AveryEl gran salón de Blackspire Keep olía a humo y a pelo mojado, con demasiados cuerpos apretados unos contra otros. Odiaba estar allí cuando estaba tan lleno, pero esa noche no había escapatoria a las cocinas ni salida por la puerta trasera.Los ancianos habían convocado a todos y cada uno de nosotros, incluso a las omegas. «Todos los ojos puestos en el alfa», había dicho el anciano Rollan. «La manada necesita ver unidad». Como si él sonara inocente y bondadoso.Así que ahí estaba yo, cerca de las mesas de servicio al fondo, sosteniendo una bandeja de copas de vino tan pesada que ya me dolían los brazos, intentando respirar por la boca para no olerlo a él.Cassius Reeves estaba de pie junto a la mesa principal, como siempre, apoyándose en ella como si necesitara el soporte, lo bastante alto como para que la luz del fuego delineara la afilada mandíbula y profundizara las sombras bajo sus ojos. Llevaba la misma túnica oscura de casi todas las noches. El cabello le
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