La noche se había deslizado como una seda sobre la ciudad, y en el interior del penthouse, los ventanales reflejaban las luces lejanas de los edificios mientras Cristhian y Pamela compartían una copa de vino en la terraza. El aire fresco les envolvía con una calidez extraña, como si la ciudad les diera una tregua después de los días intensos vividos.
—¿Sabes? —murmuró Cristhian, mirándola de perfil—. A veces pienso que fuiste enviada para poner luz en mis sombras.
Pamela sonrió, apoyando la cab