Esa noche durmieron juntos, aunque dormir era un decir. Pamela se acurrucó contra el pecho de Cristhian, sintiendo cómo su respiración era el único metrónomo que podía calmar su mente. Pero ni siquiera la calidez de su piel evitaba los pensamientos oscuros que se colaban por las rendijas del alma.
A la mañana siguiente, Pamela decidió que era momento de tomar el control de su narrativa. No podía detener su vida por miedo. Así que se vistió con un conjunto sobrio pero elegante, recogió su carpet