Finalmente, los llamaron. Nathan y Oliver ingresaron a la oficina del detective, donde se les ofreció una taza de café a cada uno. El reloj marcaba las tres de la madrugada. El cielo comenzaba a insinuar el alba, y el cansancio se reflejaba en sus rostros.
—Todo indica —comenzó a explicar el detective con tono sereno— que efectivamente América estuvo en la cabaña. Encontramos su uniforme en el baño de la habitación que custodiaba el hombre actualmente hospitalizado. Pensamos que ella lo hirió y