Después de que uno de los hombres —a quien América llamaba mentalmente el gorila— le entregó a regañadientes un paquete de toallas femeninas, ella se encerró en la habitación asignada y no volvió a salir. Llevaba horas ahí, atrapada entre las cuatro paredes, sintiendo que el tiempo se convertía en un enemigo más. Sabía que tenía que encontrar una forma de escapar antes de que amaneciera. Vladimir probablemente volvería al día siguiente… y si eso ocurría, estaba segura de lo que él querría hacer