Desde que Patricia fue contratada para encargarse de la biblioteca, todo cambió. Tenía veinticinco años, piel canela, ojos despiertos y una sonrisa tranquila que ocultaba cierta picardía. Decía amar los libros, y soñaba con ser escritora. Nathan, desde el primer día, supo que algo en ella lo atraía más allá de lo profesional. Algo carnal. Algo que él mismo se negaba a nombrar, pero que lo poseía por completo.
—Te estaba esperando —le dijo aquella tarde, con la voz densa.
Caminó hacia ella, cerr