Mundo ficciónIniciar sesiónLa vida de Anabel había tomado un giro inesperado, lleno de promesas y nuevas posibilidades. Sin embargo, todo cambió una noche cuando recibió una llamada que la dejó helada. Su padre, Stefano, había sido ingresado en el hospital tras sufrir un colapso. La preocupación se apoderó de ella mientras corría hacia el centro médico, su mente llena de preguntas y temores.
Al llegar, encontró a su padre en una cama de hospital, pálido y débil, rodeado de monitores que pitaban con regularidad. "Papá," dijo Anabel, acercándose rápidamente a su lado. "¿Qué ha pasado?"
Stefano la miró con ojos cansados, pero había una intensidad en su mirada que la inquietaba. "Anabel, hay cosas que necesitas saber," dijo con voz temblorosa. "Cosas que no he tenido el valor de contarte."
"¿De qué hablas? Estás asustándome," respondió ella, sintiendo que la angustia se apoderaba de su corazón.
"Mi enfermedad es grave," comenzó Stefano, tomando aire con dificultad. "Y no sé cuánto tiempo me queda. Debo ser honesto contigo. La verdad sobre nuestra familia es más oscura de lo que imaginas."
Anabel sintió que el mundo se desvanecía alrededor de ella. "¿Qué quieres decir?" preguntó, su voz apenas un susurro.
"Soy el jefe de la mafia italiana," reveló Stefano, su voz firme a pesar de su debilidad. "Y tú eres la heredera de este legado."
Las palabras de su padre la golpearon como un puño. "No... no puede ser," dijo, retrocediendo un paso. "Siempre pensé que estabas involucrado en negocios oscuros, pero esto... esto es demasiado."
"Lo sé, y lamento no haberte protegido de la verdad," dijo él, su mirada llena de pesar. "Pero ahora que estoy enfermo, debes prepararte para tomar las riendas del negocio familiar."
"¿Tomar las riendas? ¡No puedo! No sé nada sobre esto," exclamó Anabel, sintiendo que la confusión y el miedo la invadían. "Siempre he querido escapar de este mundo."
"No tienes opción," respondió Stefano, su voz grave. "Hay personas que dependen de ti, y hay enemigos que no dudarán en aprovecharse de tu debilidad. No puedes confiar en nadie, ni siquiera en tu propia sombra."
Anabel sintió que su corazón se hundía. "¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué debería temer a mi propia familia?"
"Porque en este mundo, la traición es común," dijo Stefano, con un tono sombrío. "Siempre hay quienes buscan el poder y no dudarán en eliminar a los que se interpongan en su camino. Tu vida estará en peligro siempre que estés asociada con nosotros."
Las palabras de su padre resonaban en su mente, y la realidad de su situación comenzó a hundirse en su corazón. "¿Y qué pasa con Leonardo?" preguntó, sintiendo un nudo en el estómago. "¿Puedo confiar en él?"
Stefano se quedó en silencio por un momento, como si sopesara sus palabras. "No lo sé. Deberías ser cautelosa. Las intenciones de las personas pueden ser engañosas, y en este mundo, el amor a menudo se convierte en una herramienta de manipulación."
Anabel sintió que el aire se volvía denso. "¿Qué debo hacer, papá?" preguntó, sintiendo que su vida había dado un giro de 180 grados. "No estoy lista para esto."
"Debes aprender rápido," dijo Stefano, su tono grave. "Te he dejado algunas instrucciones y contactos. Necesitarás a alguien en quien confiar, y tendrás que ser fuerte. La familia siempre es lo primero, pero también debes protegerte."
Anabel sintió que la responsabilidad caía sobre sus hombros como una pesada carga. "No sé si puedo hacerlo," admitió, sintiendo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
"Tienes más fuerza de la que crees," dijo Stefano, tomando su mano con firmeza. "Confía en ti misma y en tus instintos. Y recuerda, no puedes bajar la guardia."
Mientras Anabel se sentaba al lado de su padre, sintiendo el peso de sus palabras, su mente comenzó a divagar hacia Leonardo. ¿Podría él ser un aliado o un enemigo? La idea de que alguien a quien había comenzado a amar pudiera tener intenciones ocultas la llenaba de incertidumbre.
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Leonardo estaba en su propia encrucijada. Había estado observando a Anabel desde la sombra, ideando un plan para ganarse su corazón y, al mismo tiempo, posicionarse como el líder de la mafia. Sabía que la enfermedad de Stefano podría ser la oportunidad perfecta para hacerse con el control.
"Si Anabel se convierte en la nueva jefa, yo estaré a su lado," pensó Leonardo, sintiendo que la ambición lo impulsaba. "Pero debo ganarme su confianza primero. No puedo dejar que se interponga en mis planes."
Con esa determinación, Leonardo comenzó a trazar su estrategia, mientras Anabel se enfrentaba a una nueva realidad que amenazaba con cambiar su vida para siempre. La lucha por el poder, la traición y el amor se entrelazaban en un juego peligroso donde cada movimiento contaba.
Esa noche, Anabel se quedó despierta, reflexionando sobre las palabras de su padre y la incertidumbre que la rodeaba. "¿Qué haré ahora?" se preguntó, sintiendo que su vida había cambiado para siempre. Con el corazón pesado, se dio cuenta de que debía encontrar su propio camino en un mundo donde la luz y la oscuridad coexistían, y donde el amor podía ser tanto un refugio como una trampa.







