Valeria se quebró la noche en que Vincenzo dejó de fingir.
No fue una discusión más.
No fue una orden elevada de tono.
Fue el golpe seco de la realidad cayéndole encima.
—Te estás volviendo débil —le dijo él, con los ojos encendidos—. Y la debilidad se paga.
Ella no tuvo tiempo de responder.
El golpe llegó rápido. Preciso. No para matarla. Nunca para eso. Vincenzo sabía exactamente dónde golpear para marcar sin destruir. Para recordar quién mandaba. Para reclamar lo que creía suyo.
Valeria cayó