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Capítulo 4: El Primer Beso

La noche continuaba envolviéndolos en su manto de estrellas y suaves susurros. Anabel y Leonardo estaban en la terraza, donde la brisa fresca jugaba con los cabellos de Anabel, acentuando la atmósfera mágica que los rodeaba. La conexión que habían formado se sentía tan intensa que parecía palpable, como si el aire mismo vibrara a su alrededor.

"¿Sabes? A veces creo que la vida nos presenta oportunidades en los momentos más inesperados," dijo Anabel, mirando hacia las estrellas. "Como si nos estuvieran guiando hacia algo importante."

"Totalmente de acuerdo," respondió Leonardo, acercándose un poco más. "Es como si cada encuentro tuviera un propósito, incluso si no siempre lo entendemos de inmediato."

Anabel sintió que su corazón latía con más fuerza. Las palabras de Leonardo resonaban en su interior, y había algo en su mirada que la hacía sentir segura. "¿Y qué crees que significa este encuentro para nosotros?" preguntó, sintiendo que el momento se tornaba más íntimo.

"No lo sé, pero me gustaría averiguarlo," dijo Leonardo, su voz suave y profunda. "Siento que hay mucho más que descubrir entre nosotros."

Anabel lo miró a los ojos, sintiendo cómo la tensión entre ellos crecía. "A veces me asusta abrirme a alguien nuevo," confesó, sintiendo que la vulnerabilidad se apoderaba de ella. "He tenido que lidiar con tantas sombras en mi vida."

"Las sombras son parte de nuestra historia," dijo Leonardo, acercándose aún más. "Pero también podemos elegir cómo enfrentarlas. Y yo quiero estar a tu lado mientras lo haces."

Esa declaración hizo que Anabel sintiera una oleada de emoción. "¿De verdad crees eso?" preguntó, su voz apenas un susurro.

"Sí," respondió él, su mirada fija en la de ella. "Quiero ser parte de tu viaje, de tus descubrimientos."

Anabel sintió que su corazón se aceleraba. "Leonardo, yo también quiero eso," dijo, sintiendo que la conexión entre ellos se profundizaba aún más. "Pero... tengo miedo."

"El miedo es natural," dijo él, tomando suavemente su mano. "Pero a veces, lo que más tememos es lo que más necesitamos. ¿Te atreverías a dar un paso más?"

Anabel miró sus ojos, tan intensos y sinceros, y sintió que el mundo a su alrededor se desvanecía. Había algo en su propuesta que la invitaba a dejar atrás sus inseguridades. "¿Qué paso?" preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

"Un beso," dijo Leonardo, su voz llena de ternura. "Un gesto simple, pero lleno de significado."

Anabel sintió que el calor subía a su rostro. "¿Estás seguro? No quiero apresurar las cosas."

"No hay prisa," respondió él, sonriendo. "Pero a veces, los momentos perfectos no esperan. Solo suceden."

Con el corazón latiendo con fuerza, Anabel se acercó un poco más. "Entonces, hagámoslo," dijo, sintiendo que la decisión la llenaba de valentía.

Leonardo se inclinó hacia ella, y sus labios se encontraron en un beso suave y delicado. Era un contacto que parecía encerrar el universo entero. Anabel sintió que todo lo que había sido un peso en su vida se desvanecía, dejando solo la calidez de ese momento compartido.

El beso se profundizó, y Anabel sintió como si el tiempo se detuviera. Era como si cada preocupación, cada sombra que había estado acechándola, se desvaneciera en la luz que emanaba de su conexión. Se entregó a la sensación, dejando que el mundo exterior desapareciera.

Cuando finalmente se separaron, ambos se miraron, con sonrisas que iluminaban sus rostros. "Eso fue... increíble," dijo Anabel, sintiendo que su corazón aún palpitaba con la intensidad del momento.

"Sí, lo fue," respondió Leonardo, su mirada llena de complicidad. "Siento que hemos cruzado una frontera, y no hay vuelta atrás."

"¿Qué significa esto para nosotros?" preguntó Anabel, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.

"Significa que hemos comenzado algo hermoso," dijo Leonardo, tomando su mano con firmeza. "Quiero explorar esto contigo, sin importar lo que nos depare el futuro."

Anabel sonrió, sintiendo que había dado un paso importante hacia la libertad. "Yo también quiero eso. Estoy lista para descubrir lo que viene."

Mientras regresaban al interior de la mansión, Anabel sintió que la vida le ofrecía una nueva oportunidad. La conexión con Leonardo era un rayo de luz que iluminaba su camino, y estaba decidida a explorar lo que eso significaba. Aunque las sombras de su pasado aún la acechaban, había una chispa de esperanza que comenzaba a brillar en su corazón.

Esa noche, mientras se acomodaba en la cama, Anabel reflexionó sobre lo que había sucedido. "Un beso," pensó, sonriendo al recordar la magia de ese momento. "Quizás sea el comienzo de algo increíble."

Con esa esperanza renovada, Anabel se durmió, sintiendo que, a pesar de los desafíos que aún enfrentaría, había encontrado una chispa de luz en su vida. Y quizás, solo quizás, ese amor emergente podría ayudarla a descubrir no solo la verdad sobre su madre, sino también quién era ella realmente.

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