Inicio / Mafia / Sangre y Amor / Capítulo 3: La Fiesta
Capítulo 3: La Fiesta

La vida de Anabel había tomado un giro inesperado. Con la determinación de conocer la verdad sobre su madre y su legado, se preparaba para asistir a una fiesta de alto perfil organizada por un amigo de su padre. La mansión donde se llevaría a cabo el evento era un lugar deslumbrante, lleno de luces brillantes y un ambiente de sofisticación que la intimidaba y emocionaba a la vez.

La noche de la fiesta, Anabel se miró en el espejo, ajustando su vestido negro que resaltaba su figura. Su reflejo le devolvía la imagen de una joven decidida, pero también vulnerable. "Hoy es el día," se dijo, mientras se aplicaba un poco de lápiz labial. "Hoy empezaré a descubrir más sobre este mundo."

Su padre que estaba abajo la vio bajando las escleras y quedo deslumbrado con la belleza de su Anabel y lo orgulloso que sentía de ella y le dijo mirándola con ternura “te vez hermosa hija lista” ella con firme dijo; estoy lista vamos

Al llegar a la mansión, Anabel se sintió abrumada por la elegancia que la rodeaba. La música suave y los murmullos de conversación llenaban el aire, mientras las luces centelleaban en el gran salón. Las personas que la rodeaban eran una mezcla de glamour y misterio, y Anabel sintió que cada mirada la evaluaba.

Su padre al llegar y mirándola le dijo "Espero que disfrutes de la noche."

"Gracias, papá," respondió ella, tratando de ocultar su nerviosismo. "¿Quiénes son todas estas personas?"

"Son amigos y colegas de negocios. Muchos de ellos han estado involucrados en el mundo en el que tu madre vivía," explicó Stefano, su tono grave. Pero dejaron ese mundo ya hace mucho, pero también hay gente muy peligrosa aquí con la que no te quieres involucrar 

Anabel asintió, sintiendo que la advertencia de su padre resonaba en su mente. Sin embargo, su curiosidad era más fuerte que el miedo. Mientras caminaba por el salón, observó a la gente reír y charlar, y su corazón latía con fuerza al pensar en las historias que cada uno de ellos podría contar.

Fue entonces cuando lo vio. Un hombre de cabello oscuro y ojos azules que parecía destacar entre la multitud. Su porte era elegante, y había algo en su presencia que capturó inmediatamente la atención de Anabel. "¿Quién es él?" se preguntó, sintiendo una atracción inexplicable hacia el desconocido.

Mientras Leonardo se movía entre los invitados, su mirada se encontró con la de Anabel. En ese instante, el mundo a su alrededor pareció desvanecerse. Había una chispa en el aire, una conexión instantánea que hizo que Anabel se sintiera viva por primera vez en mucho tiempo. Sin pensarlo, comenzó a acercarse a él.

"Hola," dijo Anabel, con una mezcla de nerviosismo y emoción. "Soy Anabel."

"Leonardo," respondió él, sonriendo de una manera que hizo que su corazón saltara. "He oído mucho sobre ti. Es un placer finalmente conocerte."

"¿De verdad?" preguntó Anabel, sorprendida. "¿Qué has oído?"

"Que eres una joven fascinante, con una historia interesante," dijo Leonardo, su mirada fija en la de ella. "Me encantaría saber más."

La conversación fluyó con facilidad, como si se conocieran desde siempre. Anabel se sintió atraída por su carisma y su forma de ver el mundo. Hablaban de libros, arte y sueños, y cada palabra que él pronunciaba parecía resonar en su corazón. Era como si Leonardo pudiera ver más allá de su fachada, como si entendiera el peso que llevaba sobre sus hombros.

"¿Qué te trae a esta fiesta?" preguntó Leonardo, inclinándose ligeramente hacia ella, como si estuviera interesado en cada palabra.

"Quería salir de la rutina y quizás descubrir algo nuevo," respondió Anabel, sintiendo que cada palabra era un paso hacia la libertad que tanto anhelaba. "A veces siento que estoy atrapada en un mundo de sombras."

"Las sombras pueden ser inquietantes, pero también pueden ser reveladoras," dijo Leonardo, su voz suave y profunda. "A veces, lo que más tememos es lo que realmente necesitamos enfrentar."

Anabel lo miró, sintiendo que sus palabras resonaban con su propia lucha interna. "¿Y tú? ¿Qué buscas en una fiesta como esta?"

"Busco conexiones auténticas," respondió él, su mirada intensa. "En este mundo, a menudo es difícil encontrar personas genuinas."

La conversación continuó, y Anabel se olvidó del resto de la fiesta. Cada risa compartida y cada mirada intercambiada la acercaban más a él. Sin embargo, en el fondo, la sombra de su pasado seguía acechando. "¿Y si él supiera la verdad sobre mí?" pensó, sintiendo una punzada de inseguridad.

A medida que la noche avanzaba, Anabel y Leonardo se alejaron del bullicio del salón hacia una terraza donde la brisa fresca les acariciaba el rostro. Miraron las estrellas, y Anabel sintió que, por primera vez, podía respirar con libertad.

"Es hermoso aquí," dijo Anabel, sintiendo que la conexión entre ellos se profundizaba. "A veces, siento que el mundo es un lugar oscuro."

"La oscuridad puede ser aterradora, pero también es parte de la vida," dijo Leonardo, volviendo su mirada hacia ella. "Lo importante es cómo elegimos enfrentarla."

Anabel sintió que sus palabras la tocaban profundamente. "¿Y tú? ¿Cómo enfrentas la oscuridad?"

"Con valentía," respondió él, su voz firme. "Siempre hay luz al final del túnel, pero a veces tenemos que ser nosotros quienes la busquemos."

Esa noche, Anabel sintió que había encontrado algo más que un simple interés romántico. Leonardo representaba una nueva posibilidad, una salida a la confusión que había estado sintiendo. Pero también sabía que debía ser cautelosa. El mundo que la rodeaba estaba lleno de peligros, y los secretos de su madre aún pesaban sobre su alma.

"¿Te gustaría volver a vernos?" preguntó Leonardo, rompiendo el silencio que se había formado entre ellos.

"Sí, me encantaría," respondió Anabel, sintiendo que su corazón latía con fuerza. "Hay tanto que quiero compartir y descubrir."

"Entonces, hagámoslo," dijo él, sonriendo de nuevo. "La vida es demasiado corta para dejar que las oportunidades se escapen."

"Es impresionante cómo una noche puede cambiarlo todo," dijo Anabel, mirando hacia el cielo estrellado. "Nunca pensé que podría sentirme así en medio de tanta gente."

"A veces, la verdadera conexión se encuentra en los momentos más inesperados," respondió Leonardo, acercándose un poco más a ella. "Es como si las estrellas estuvieran alineadas para nosotros esta noche."

Anabel se sonrojó ante sus palabras, sintiendo que cada uno de sus latidos resonaba en su pecho. Había algo en la forma en que Leonardo la miraba, una intensidad que la hacía sentir vista, comprendida. Era como si él pudiera ver más allá de las capas de su vida, más allá de las sombras que la perseguían.

"¿Crees en el destino?" preguntó Anabel, sintiendo que la conversación se tornaba más profunda. "O en que las cosas suceden por una razón."

"Creo que somos los arquitectos de nuestro propio destino," dijo Leonardo, su mirada nunca apartándose de la de ella. "Pero a veces, hay fuerzas que nos guían, que nos empujan hacia donde debemos estar."

La tensión en el aire era palpable, y Anabel sintió que el momento se cargaba de significado. Cada palabra, cada risa compartida, parecía acercarlos más. No podía evitarlo; algo dentro de ella anhelaba ese contacto, esa cercanía que prometía algo más.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP