La habitación era oscura, iluminada solo por la tenue luz que se filtraba a través de las cortinas. Anabel Corleone se encontraba en un estado de recuperación tras la cirugía que había cambiado su rostro. Cada día que pasaba, se sentía más fuerte, pero también más ansiosa. Sabía que el mundo del crimen no se detendría por su convalecencia, y la presión aumentaba a medida que los compradores de mercancía comenzaban a preguntar por la mítica figura que había estado operando desde la cárcel: La Se