La música pulsaba en el club, creando una atmósfera vibrante y cargada de tensión. Anabel, envuelta en su vestido negro, se movía entre los invitados, disfrutando del poder que emanaba de su nueva identidad. Sin embargo, cada risa y cada susurro a su alrededor solo alimentaban el odio que ardía en su interior. Leonardo, el hombre que había sido responsable de su sufrimiento, estaba en la misma habitación, y su presencia era un recordatorio constante de todo lo que había perdido.
Mientras Anabel