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Capítulo 2: Recuerdos del Pasado

La vida de Anabel estaba marcada por la pérdida de su madre, asesinada en un conflicto entre mafias. Desde entonces, su padre la había protegido, pero la verdad sobre su familia permanecía oculta, como un antiguo libro polvoriento en la estantería de la biblioteca. La mansión, que había sido un refugio de luz y amor, se había convertido en un laberinto de secretos y sombras.

Una tarde, mientras revisaba algunos álbumes de fotos en el desván, Anabel se topó con una imagen que la hizo detenerse en seco. Era una fotografía de su madre, sonriendo radiante en un jardín lleno de flores. La imagen estaba enmarcada en un elegante marco dorado, y a su lado, un hombre de aspecto serio y enigmático sonreía con una expresión que Anabel no podía descifrar. Había algo en sus ojos que le resultaba familiar, pero al mismo tiempo, inquietante.

"¿Quién es este hombre?" se preguntó, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. La curiosidad la consumía, y la idea de que su madre había tenido una vida antes de su llegada la intrigaba y aterrorizaba a la vez. Fue entonces cuando decidió que necesitaba respuestas.

Bajó rápidamente las escaleras y se dirigió hacia la biblioteca, donde encontró a su padre sumido en la lectura de un libro grueso. "Papá," comenzó, su voz temblando ligeramente, "¿quién es el hombre que está en la foto con mamá?"

Stefano levantó la vista, y por un momento, Anabel vio una mezcla de sorpresa y preocupación en su rostro. "Esa es una historia que no deberías conocer, Anabel," respondió, cerrando el libro de golpe y dejando escapar un suspiro profundo.

"Pero necesito saber. Ella era mi madre, y si él estaba en su vida, entonces también forma parte de mi historia," insistió Anabel, sintiendo que la frustración comenzaba a apoderarse de ella. "No puedo seguir viviendo en la oscuridad."

"No es tan simple," dijo Stefano, su voz grave. "Ese hombre... estuvo involucrado en cosas que no puedes imaginar. Cosas que nos pusieron en peligro."

"¿Peligro? ¿Qué tipo de peligro?" preguntó Anabel, sintiendo que su corazón latía con fuerza. "¿Era parte de la mafia? ¿Era un criminal?"

Stefano se levantó de su silla, comenzando a caminar de un lado a otro, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. "No quiero que te involucres en esto. Te he mantenido alejada de ese mundo por una razón," dijo, su voz ahora más firme.

Anabel lo miró con determinación. "Pero no puedo quedarme con las dudas. Si hay algo que debo saber, entonces necesito que me lo digas. No puedo vivir en la oscuridad."

Stefano se detuvo y la miró a los ojos. "Tu madre era una mujer extraordinaria, pero su vida estuvo llena de complicaciones. Ese hombre era un antiguo amigo, pero sus caminos se separaron cuando él eligió un camino oscuro."

"¿Y qué hay de mí? ¿Qué camino estoy destinada a seguir?" Anabel preguntó, sintiendo que la conversación se tornaba cada vez más intensa.

"Tú puedes ser diferente, Anabel. Puedes elegir tu propio camino. No tienes que repetir los errores del pasado," respondió Stefano, su mirada intensa, como si intentara transmitirle toda la sinceridad de su corazón.

"¿Y si no puedo? ¿Y si este legado es algo que no puedo evitar?" Anabel sintió que la angustia la invadía. La idea de ser parte de un mundo del que no sabía nada la aterrorizaba, y la imagen del hombre en la fotografía se repetía en su mente.

"Esa es la razón por la que he hecho todo lo posible por protegerte," dijo Stefano, acercándose a ella. "Pero hay cosas que no puedo controlar. Hay fuerzas que están más allá de nosotros."

Anabel sintió que su corazón se hundía. "¿Qué fuerzas? ¿Qué es lo que realmente está en juego aquí?"

"Es complicado," dijo Stefano, suspirando. "Tu madre se vio envuelta en un conflicto que no pudo evitar. Y, aunque intenté mantenerte alejada de todo eso, hay sombras que nunca desaparecen por completo."

Las palabras de su padre resonaban en su mente, y Anabel sintió que el vacío que había dejado su madre comenzaba a llenarse de preguntas inquietantes. "¿Por qué no me lo dijiste antes?" inquirió, sintiendo que la rabia y la tristeza se mezclaban en su interior. "¿Por qué me has mantenido en la ignorancia?"

"Porque quería protegerte," respondió Stefano, su voz llena de pesar. "Quería que tu infancia estuviera libre de ese horror. Quería que tu vida fuera normal."

Esa noche, mientras se preparaba para dormir, Anabel se sentó en la cama, mirando la fotografía de su madre. "¿Qué me has dejado, mamá?" susurró en la oscuridad. "¿Qué secretos guardas que aún no he descubierto?" Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y sintió una profunda tristeza por la ausencia de su madre y por los misterios que la rodeaban.

Las sombras de su pasado comenzaban a cobrar vida, y Anabel sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentarse a la verdad. El legado que llevaba a cuestas no solo era un recuerdo de su madre, sino un oscuro secreto que la unía a un mundo del que apenas comenzaba a vislumbrar la realidad. Determinada a desentrañar esa historia, Anabel se prometió que no se detendría hasta conocer la verdad, sin importar los riesgos que ello pudiera conllevar.

Días después, mientras caminaba por el jardín de la mansión, Anabel se encontró con un viejo roble que crecía en una esquina. Era un árbol majestuoso que había sido testigo de muchas historias familiares. Se sentó bajo su sombra, sintiendo una extraña conexión con el lugar. "Este árbol ha visto más de lo que imagino," pensó, sintiendo que el viento susurraba secretos a su alrededor.

Decidida a encontrar respuestas, Anabel comenzó a investigar. Pasó horas en la biblioteca, revisando documentos antiguos y fotografías. Cada página que pasaba le revelaba un poco más sobre su madre, sus amistades y los oscuros secretos que habían quedado enterrados. Descubrió que su madre había estado involucrada en actividades que la conectaban con el hombre de la fotografía, un tal Marco, que había estado involucrado en un conflicto que había devastado a muchas familias, incluida la suya.

Una noche, mientras leía un viejo diario que pertenecía a su madre, encontró una entrada que la dejó helada. "El precio de la lealtad es alto," decía. "He hecho elecciones que me han llevado a caminos oscuros. Pero siempre he hecho lo que creía correcto." Anabel sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Qué había hecho su madre? ¿Cuál era la verdad detrás de su muerte?

Cada descubrimiento la acercaba más a la verdad, pero también la llenaba de miedo. La idea de que su madre había estado involucrada en un mundo de crimen y traición era abrumadora. Sin embargo, la necesidad de entender su legado era más fuerte que el miedo.

Finalmente, decidió que debía hablar nuevamente con su padre. "Papá, necesito que me cuentes todo," le dijo una tarde, con una determinación renovada. "No puedo seguir así, con más preguntas que respuestas."

Stefano la miró, y en sus ojos vio la lucha interna que enfrentaba. "Anabel, te he protegido por tanto tiempo..." comenzó, pero ella lo interrumpió.

"No es protección si me mantienes en la oscuridad. Quiero saber quién era mi madre y qué pasó realmente."

Después de un largo silencio, Stefano finalmente asintió. "Está bien. Te contaré lo que sé. Pero debes estar preparada para lo que vas a escuchar."

Anabel sintió que su corazón latía con fuerza. "Estoy lista," respondió, aunque en el fondo sabía que ninguna preparación podría aliviar el impacto de la verdad que estaba a punto de descubrir.

Stefano se sentó frente a ella, y con un suspiro profundo, comenzó a relatar la historia de su madre, de Marco, y de cómo las decisiones que habían tomado habían marcado sus vidas para siempre. Cada palabra que pronunciaba era un ladrillo que caía de la muralla que había construido alrededor de su corazón.

"Tu madre se vio atrapada en un juego peligroso," explicó Stefano. "Marco era un hombre carismático, pero también un criminal. Ella creía que podía cambiarlo, que podía salvarlo de sí mismo, pero las cosas se salieron de control."

Anabel escuchaba con atención, sintiendo que cada revelación la acercaba más a la verdad, pero también a un abismo de dolor. "¿Y tú? ¿Por qué no hiciste nada para detenerlo?" preguntó, sintiendo que la ira comenzaba a burbujear dentro de ella.

"Hice lo que pude," respondió Stefano, su voz quebrándose. "Intenté mantenerte a salvo. Pero había fuerzas que no podía controlar. Cuando tu madre decidió dejar a Marco, las cosas se volvieron peligrosas. Y luego..." Su voz se apagó, y Anabel sintió que el aire se volvía denso a su alrededor.

"¿Luego qué?" urgió, sintiendo que el miedo y la tristeza se entrelazaban en su pecho.

"Luego, ella fue asesinada," dijo Stefano, su voz llena de dolor. "Era un mensaje. Un aviso para aquellos que pensaban que podían escapar de ese mundo."

Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Anabel. "¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué me mantuviste alejada de esta verdad?"

"Porque no quería que cargaras con el peso de su legado," respondió Stefano, su voz llena de tristeza. "No quería que te sintieras culpable por algo que no elegiste."

Anabel sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor. "Pero estoy atrapada en esto, papá. No puedo escapar de lo que eres, de lo que ella fue."

Stefano la miró con ternura. "Tienes que decidir quién quieres ser, Anabel. Tienes el poder de escribir tu propia historia."

Esa noche, mientras se retiraba a su habitación, Anabel se sintió más perdida que nunca. La verdad sobre su madre y su legado la había golpeado con una fuerza devastadora. Pero, a medida que las sombras de su pasado comenzaban a cobrar vida, también sentía que la determinación de descubrir su propia identidad se encendía en su interior.

"No dejaré que esto me defina," se dijo a sí misma, mirando la fotografía de su madre una vez más. "Voy a encontrar la verdad, y no permitiré que el pasado me atrape."

Con esa resolución, Anabel se durmió, sabiendo que el camino por delante sería difícil, pero estaba lista para enfrentarlo. La búsqueda de su verdad apenas comenzaba, y estaba decidida a desenterrar los secretos que habían permanecido ocultos durante demasiado tiempo.

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