La libertad que Anabel Corleone había anhelado durante años ahora era una realidad, pero su mente estaba enfocada en algo más grande que simplemente escapar de la cárcel. Había un legado que reclamar, un poder que había sido arrebatado de sus manos, y estaba decidida a tomar el control de la mafia italiana. La Serpiente no solo quería sobrevivir; quería gobernar.
Anabel había mantenido contactos con la familia de Giovani, su antiguo amor, y sabía que Francesco, su hermano menor, era la clave pa