El sonido de pasos resonaba en el pasillo, un eco que parecía burlarse de Anabel mientras se encontraba acurrucada en una esquina de su pequeño apartamento. Había pasado semanas en ese exilio, cada día más atrapada en su propia mente, y la sensación de ser observada nunca la había abandonado. Se había convencido de que estaba sola, pero en el fondo sabía que la DEA no se rendiría tan fácilmente.
Fue un día cualquiera cuando el golpe en la puerta llegó como un trueno. El corazón de Anabel se det