Anabel se encontraba en un estado de incertidumbre, atrapada entre sus sentimientos por Giovani y Leonardo. Cada día que pasaba, la presión aumentaba, y la sombra de la traición se cernía sobre ella. No podía dejar de pensar en las palabras de Leonardo, en su risa burlona y en la manera en que había desafiado su autoridad. Mientras tanto, en las sombras, Vincenzo estaba tramando un plan para apoderarse del poder a como diera lugar.
Vincenzo sabía que Leonardo era un traidor de la mafia francesa