La oficina de Nikolai permanecía envuelta en un silencio incómodo mientras el humo del cigarro de Damián ascendía lentamente hacia el techo. Mikhail revisaba unos documentos sin leer realmente una sola palabra. Nikolai permanecía sentado detrás del escritorio, girando un vaso de whisky entre los dedos.
Solo Andrei no podía quedarse quieto.
Llevaba más de cinco minutos caminando de un extremo al otro de la oficina con su iPad en mano.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Nikolai terminó levantando la