El apartamento de Gorky parecía más un centro de vigilancia clandestino que una vivienda.
Monitores de distintos tamaños cubrían prácticamente toda una pared. Torres de servidores improvisadas ocupaban una esquina, mientras decenas de cables recorrían el suelo como serpientes negras. El aire olía a café frío, comida rápida y aparatos electrónicos funcionando sin descanso.
—Necesito que dejes todo lo que estás haciendo —ordenó Andrei mirando todo aquello con la misma calma de siempre.
Gork