En el despacho principal, Nikolai permanecía de pie frente a la enorme ventana, con una taza de café negro entre las manos. Su expresión era seria, casi sombría. Frente a él, Mikhail y Andrei ocupaban los sillones de cuero oscuro. En la pantalla grande del escritorio, Damian aparecía con cara de sueño, todavía en Nueva York donde apenas eran las 2:34 de la madrugada.
—Repítelo —pidió Damian, frotándose los ojos.
Nikolai respiró profundamente antes de girarse para mirar la laptop con enfado.
—¿C