El área climatizada que daba al jardín trasero de la mansión Romanov era un refugio de paz en medio del invierno moscovita. El techo de cristal permitía ver la nieve caer suavemente sobre los árboles, mientras el sistema de calefacción mantenía el ambiente cálido y acogedor. Alma e Irina estaban sentadas en cómodos sillones de mimbre, disfrutando de una taza de chocolate caliente entre las manos.
Irina observaba a su amiga con cariño. Alma aún tenía ojeras profundas y una palidez que delataba t