El pequeño apartamento de Lilibeth estaba envuelto en una luz tenue y cálida. Apenas entraron, ambos se quitaron los abrigos gruesos, colgándolos en el perchero junto a la puerta. El nerviosismo de ella era evidente: sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba mantener la compostura.
—¿Quieres… algo de tomar? ¿O comer? —preguntó con voz insegura, señalando la pequeña cocina.
Damián no respondió con palabras. Se acercó a ella con pasos lentos pero decididos, tomó su rostro entre sus ma