La casa de la playa se convirtió en nuestro refugio verdadero durante los meses siguientes.
El tiempo se estiró de una forma extraña: los días largos y luminosos se mezclaban con noches en las que el mar parecía hablar solo. Yo crecía. Mi vientre se redondeaba bajo vestidos sueltos de algodón blanco que comprábamos en el mercado del pueblo cercano. Dante aprendió a cocinar arroz con coco y pescado fresco, a podar las buganvillas para que no se comieran la terraza, a revisar cada mañana si las c