Capítulo 24: La Carne que Arde

La casa se había convertido en una fortaleza invisible.

Rejas nuevas en todas las ventanas. Sensores de movimiento en el perímetro. Cámaras que Giovanni instaló personalmente, con visión nocturna y grabación continua. Los niños ya no salían solos a la playa; Lorenzo llevaba un pequeño cuchillo plegable en el bolsillo y Valeria aprendió a disparar con pistola de aire comprimido en el jardín trasero. Mi madre guardaba un revólver cargado en la mesita de noche y rezaba cada noche con los ojos abie
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