No vengo a pedir perdón ni a amenazar. Ya no tengo fuerzas para eso. Elena era mi prima, mi hermana de sangre, y la vi destruirse por un amor que nunca fue suyo. Yo la seguí porque no sabía hacer otra cosa. Ahora ella está muerta, Adriana también, y yo me quedo sola con los restos de una familia que se pudrió desde adentro.
Me voy a un convento en el norte de España. No para hacerme monja, sino para desaparecer en silencio. Solo quería decirles que no voy a volver. Que los niños que tienen… cuí