Hotel Excelsior, Via Veneto.
Mediodía en punto.
Roma parecía contener la respiración.
El sol pegaba fuerte sobre la fachada blanca del hotel, pero dentro, en el salón Regina, la temperatura era glacial. Cinco mesas redondas, cinco capos, cinco banderas invisibles de poder. En el centro, una mesa larga vacía donde, según la tradición, solo se sientan los que negocian la paz. Hoy esa mesa estaba puesta para la guerra.
Llegamos los últimos, como estaba planeado.
El convoy se detuvo en seco frente