Tres semanas después
Villa Salvatore, colinas de Castelli Romaní
La paz olía a jazmín y a rosas frescas.
Habían pasado veintiún días exactos desde la masacre controlada del hotel Excelsior y Roma parecía haberse tragado el miedo. Los periódicos hablaban de «atentado fallido de la mafia albanesa» y de «rápida intervención de las fuerzas del orden». Nadie mencionó a Dante Salvatore ni a mí. Los capos habían cumplido: bocas cerradas, manos quietas. Por ahora.
La villa nueva era más pequeña que el