Entonces, entre las gotas de agua que resbalan como cristales líquidos por sus cuerpos, envueltos en una nube densa de vapor cálido, ocurre una colisión poderosa: no solo de pieles, sino de deseos contenidos, de emociones desbordadas. Una fuerza invisible los arrastra el uno hacia el otro, como si el mismo vapor cargado de tensión fuera el puente entre dos fuegos que, al encontrarse, estallan.
El cuerpo de Naven sujeta el pequeño cuerpo de Sofia mientras se acomoda mejor mientras Sofia mantiene