Sofia sube a la habitación necesitaba darse un baño después de aquel día tan agotador y hermoso que ha pasado con Catalina.
Sofía empujó la puerta de su habitación con suavidad, pero apenas cruzó el umbral, el aire cambió. Una tensión invisible se enroscaba en su piel como una serpiente tibia. Sintió la mirada. No podía verla, no podía saber de dónde venía, pero era intensa, profunda, tanto que un estremecimiento recorrió su espalda y le erizó cada poro.
La habitación estaba a oscuras. Nada par