El cielo de Madrid resplandecía con un azul claro que parecía especialmente dibujado para esa ocasión. Una brisa suave recorría los jardines de la antigua capilla privada de la familia Fort, situada en las afueras de la ciudad, adornada con cientos de flores blancas, delicadas rosas empolvadas y lirios, los favoritos de Sofía.
Aquel día se celebraba el bautismo de Mavie Fort Morgan.
Una niña que había llegado al mundo para sanar, para unir, para recordarle a todos que la vida no solo golpea… t