El sol de Grecia se filtraba por los ventanales de la villa, bañando cada rincón con un resplandor dorado. Las olas del mar, abajo en los acantilados, rompían con calma. En el comedor, la mesa estaba servida con frutas frescas, croissants calientes, café humeante y jugo de naranja recién exprimido.
Sofía, aún con la bata de lino blanco, caminó descalza hasta la mesa. Su piel aún conservaba el calor de la noche anterior. Ls fragancia de Naven se conserva en su cuerpo, el recuerdo de sus embestid