Las sombras se movieron con precisión quirúrgica.
Sofía apenas logró dar dos pasos hacia atrás cuando la puerta lateral de la villa se abrió bruscamente. Tres hombres vestidos de negro irrumpieron sin hacer un solo ruido. Uno de ellos fue directo hacia ella. Doki ladró furioso, pero un dispositivo ultrasónico lo desorientó al instante, y el cachorro retrocedió, temblando.
Sofía gritó, pero una mano enguantada tapó su boca con brutal rapidez. La envolvieron con fuerza, mientras otro hombre ataba