El olor antiséptico de la clínica privada golpea a Valeria como una bofetada de realidad en cuanto cruza las puertas automáticas, dejando atrás el rugido del motor del deportivo que acaba de abandonar en la entrada principal sin importarle si bloquea el paso o si los guardias de seguridad del recinto intentan detenerla.
Sus pulmones arden por el esfuerzo físico y la angustia acumulada, pero sus ojos solo buscan una figura entre la penumbra del pasillo de cuidados intensivos, hasta que divisa