–No entiendo por qué quiere que me quede esta noche…La voz de Valeria no suena débil, pero tampoco firme. Es un punto intermedio peligroso, uno que delata más de lo que debería, porque no es solo confusión lo que hay en sus palabras, es algo más profundo, más incómodo, una mezcla de inquietud y anticipación que no logra controlar del todo.Frente a ella, Adrián no responde de inmediato.No se mueve.No se aleja.Y eso, por alguna razón, resulta peor que cualquier acercamiento brusco porque la distancia entre ellos no cambia, pero el aire sí. Se vuelve más denso, más cargado, más difícil de ignorar. Como si cada segundo en silencio fuera una forma de presión invisible que se instala sobre su piel, obligándola a ser consciente de cada detalle: de su respiración, de la cercanía, de la forma en que él la observa sin prisa, sin vergüenza, sin ninguna intención de disimular.–¿Por qué se vistió tan sensual para trabajar?– La pregunta llega sin transición, sin relación aparente con lo que e
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