Los días pasan en una neblina de desesperación y vigilancia, con Valeria moviéndose por la mansión como un fantasma que busca una salida en una casa sin espejos, hasta que una mañana la oportunidad se presenta de la forma más inesperada y mundana posible.
Mientras recorre el ala de servicio, observa que la señora de la limpieza, una mujer mayor que apenas levanta la vista del suelo, ha dejado su bolso personal sobre un carrito de limpieza desatendido mientras se encierra en la despensa para o