–Estás equivocado Adrián , profundamente equivocado si crees por un solo segundo que este silencio mío representa una victoria de amor o una claudicación ante tu seducción –le respondo, mientras siento cómo mi propia voz emerge desde un abismo de apatía, tan gélida y cortante que parece congelar el escaso aire que aún circula entre nosotros en esta habitación que huele a medicinas y a poder estancado. – No me rindo porque de repente haya descubierto que tus métodos dictatoriales han surtido un