La mansión de la ciudad no es un hogar; es un mausoleo de alta tecnología, una estructura de contención diseñada con una precisión arquitectónica que asfixia a Valeria desde el momento en que cruza el umbral. El aire, saturado por un sistema de purificación artificial, se vuelve pesado bajo la mirada de las cámaras que Adrián ha multiplicado tras el incidente en la isla. Cada lente es un ojo de cristal de su captor, una extensión de su voluntad omnipotente.
El silencio sepulcral de los pasillo