–¡Eres un monstruo– Dice ella.
–Veo que finalmente has decidido terminar de leer tu propia biografía, Valeria –dice Adrián, y su voz es una mezcla de calma gélida y una satisfacción perturbadora mientras camina hacia ella, cerrando la puerta con un clic definitivo. No parece molesto por la intrusión; por el contrario, parece aliviado de que el secreto finalmente haya caído por su propio peso. –¿Ya terminaste de armar el rompecabezas o necesitas que te explique alguna de las piezas que todavía